GRI vs SASB: dos enfoques de reporte ¿distintos o complementarios?

Durante años, las organizaciones navegaron un ecosistema fragmentado de estándares y marcos para reportar información ESG. Entre todos ellos, dos se consolidaron como referencias globales: los estándares de la Global Reporting Initiative (GRI) y los estándares SASB, hoy integrados bajo la órbita de la IFRS Foundation.

Aunque suelen aparecer en la misma conversación, GRI y SASB responden a lógicas distintas. Entender esas diferencias es clave para definir una estrategia de reporte alineada con las expectativas regulatorias, financieras y de los grupos de interés.

Dos estándares, dos preguntas distintas

La principal diferencia entre ambos estándares está en la pregunta que buscan responder.

GRI parte de una lógica de impacto: ¿cómo afecta la organización a la economía, el ambiente y las personas? Su objetivo es transparentar los impactos positivos y negativos de la actividad empresarial y rendir cuentas frente a una amplia diversidad de grupos de interés.

SASB, en cambio, adopta una mirada financiera: ¿qué temas de sostenibilidad pueden afectar el desempeño económico de la compañía? Su foco está puesto en los riesgos y oportunidades ESG que podrían impactar en el valor de la empresa y, por lo tanto, resultar relevantes para inversores y mercados financieros.

Emisor y audiencia

Los estándares GRI son desarrollados por la Global Reporting Initiative, una organización internacional independiente pionera en reporting de sostenibilidad. Estos estándares están pensadon para responder a las necesidades de información de múltiples grupos de interés: comunidades, colaboradores, clientes, proveedores, sociedad civil, reguladores e inversores.

Los estándares SASB fueron creados originalmente por el Sustainability Accounting Standards Board. Desde 2022, quedaron integrados dentro de la IFRS Foundation y hoy forman parte del ecosistema impulsado por el International Sustainability Standards Board (ISSB). Se enfoca principalmente en el público inversor y financiero al ofrecer información útil para evaluar riesgos, oportunidades y creación de valor económico.

El concepto de materialidad

En GRI, la materialidad se construye a partir de los impactos de la organización sobre el entorno. Por eso, las empresas deben realizar un análisis de materialidad para identificar cuáles son sus impactos más significativos sobre la economía, el ambiente y las personas.

Por este motivo, los reportes realizados con estándares GRI suelen tener un alcance más amplio y transversal. Incluye información vinculada con derechos humanos, diversidad, emisiones, cadena de valor, impacto económico y gobernanza, entre otros temas.

SASB utiliza un enfoque de materialidad financiera. Sus estándares ya identifican, por industria, cuáles son los temas ESG que podrían afectar el desempeño financiero de las compañías. Por eso, SASB es más específico y sectorial. Sus métricas están diseñadas para identificar los factores ESG con potencial impacto financiero en cada industria.

¿Son estándares incompatibles?

No. De hecho, cada vez más organizaciones utilizan ambos de manera complementaria.

GRI permite explicar el impacto de la organización sobre el entorno. SASB ayuda a entender cómo los temas de sostenibilidad pueden afectar el negocio y la creación de valor.

Esa complementariedad fue reconocida incluso por ambas organizaciones en publicaciones conjuntas, donde señalaron que los estándares están diseñados para cumplir objetivos diferentes pero compatibles.

En la práctica, muchas empresas utilizan GRI para construir una narrativa amplia de sostenibilidad y SASB para fortalecer la comunicación hacia inversores y mercados financieros.

La discusión ya no pasa por elegir entre GRI o SASB. El desafío está en construir reportes capaces de responder tanto a las expectativas de transparencia de la sociedad como a las demandas de información del mercado financiero.

En un contexto donde avanzan regulaciones como CSRD en Europa y crecen las exigencias de inversores, bancos y organismos reguladores, las organizaciones necesitan integrar ambas miradas: la del impacto y la del riesgo financiero.

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Max Bensimon